Para fines de 1961 ya existían 37 círculos en todo el país. Se trataba de una respuesta directa a la realidad prerrevolucionaria: antes de 1959, la atención a la infancia se limitaba a asilos para huérfanos o niños en situación de abandono, sin enfoque educativo sistemático. Los Círculos Infantiles representaban un salto cualitativo: socialización temprana, formación en valores socialistas, desarrollo integral y, sobre todo, un acto de justicia social.