Vilma: memoria y presencia (+Video)

Hija de José Espín y Margarita Guillois, Vilma Lucila nació el 7 de abril de 1930, en el seno de una familia de clase media acomodada de la ciudad de Santiago de Cuba. Su padre era subdirector gerente de la Bacardí, y la madre era descendiente de franceses. Sus padres se distinguían por la solidez de sus valores éticos, en los que educaron a sus seis hijos: Liliana, Vilma, Nilsa, Iván, Sonia y José Alejandro.

Graduada de bachiller en Ciencias en 1948, ingresó a la recién creada Universidad de Oriente en la carrera de Ingeniería Química, lo que marcó el inicio de una etapa decisiva en el afianzamiento y desarrollo de sus ideas políticas. En esta etapa se destacó por su participación en actividades culturales y deportivas, e integró la Federación Estudiantil Universitaria Oriental (FEUO).

Durante su vida estudiantil recibió influencias de profesores exiliados españoles, llegados a Cuba después de la Guerra Civil. En marzo de 1952 se sumó a la posición del estudiantado universitario oriental con respecto al golpe de Estado, y participó en varias acciones de enfrentamiento a la dictadura. Estuvo vinculada al Movimiento Nacional Revolucionario y a las actividades conspirativas del joven dirigente santiaguero Frank País García, desde antes de integrarse ambos al Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7).

Insertada en los preparativos de la nueva etapa de lucha y luego de concluir un curso de postgrado en Estados Unidos, hizo escala en México para entrevistarse con Fidel Castro y recibir sus instrucciones y mensajes para los combatientes que se hallaban en la clandestinidad en Cuba.

Bajo las órdenes directas de Frank participó en el alzamiento armado de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956. En la mañana del 29 de noviembre Frank habló con Vilma Espín para informarle que ya había salido el yate Granma. Vilma había hecho contacto anteriormente con varios médicos y enfermeras, organizó cursos de primeros auxilios y solicitó a diversas personas el empleo de sus casas para utilizarlas como “botiquines”, nombre que se le dio a las postas médicas, y cuando supo la noticia, se dio a la tarea de informar a los grupos de acción los lugares donde estarían ubicados.

El secreto se guardó tan rigurosamente que hasta el momento mismo de la acción a todo el mundo se le había comunicado que se daría una alarma falsa para probar a la gente, y así se hizo. A las seis de la mañana ─recordaba Vilma─,  se le dijo a todo el mundo: “Bueno, esto no es prueba, ya salió el barco y debe llegar hoy”.

Sus contactos con la guerrilla se iniciaron con la reunión de la Dirección Nacional en febrero de 1957. El 20 de julio de 1957ascendió a la dirección de la lucha como coordinadora provincial del MR-26-7. En ella recayó la gran responsabilidad del abastecimiento a los frentes guerrilleros existentes en esos momentos.

En los primeros días de 1957 el asesinato del adolescente William Soler en Santiago de Cuba provocó honda indignación en la población de esa ciudad, y como protesta surgió la idea de llevar una concentración de mujeres enlutadas por la calle Enramada. Frank había prohibido a Vilma asistir a la manifestación, pero ella tenía la preocupación de que la gente se fuera a dispersar debido a la represión de los soldados de la dictadura, de modo que asistió. Cuando en San Félix y Esmeralda un jeep con tropas del Ejército paró a las madres, ella exhortó a cantar el Himno Nacional, momento en el que un cabo comenzó con reprenderla. Al otro día el Diario de Cuba publicaba la foto que registraba el hecho, lo que provocó una fuerte reprimenda de Frank por su gran temeridad.

El 22 de junio de 1958 Raúl Castro, jefe del frente guerrillero “Frank País García”, dictó la orden No. 30, conocida como Operación Antiaérea, ocasión en que Vilma subió como intérprete de las conversaciones del comandante guerrillero con el cónsul norteamericano, debido a sus conocimientos del idioma inglés. A partir de este momento se decidió su permanencia como guerrillera y delegada del MR-26-7ante el Segundo Frente, atendiendo fundamentalmente la labor de abastecimiento. De esta manera pasó a formar parte de la máxima dirección de la lucha en el territorio, en el que llevó a cabo, entre otras tareas, el fortalecimiento de los departamentos que conformaban la organización del frente. También participó en la instrucción política de los oficiales mediante la escuela para maestros de tropas “José Martí”, adscripta a la Comandancia Central.

Después del triunfo revolucionario, sobrevino una etapa que es la más conocida de su quehacer, al frente de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), fundada el 23 de agosto de 1960. Integró el Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su fundación en 1965, condición en que fue ratificada sucesivamente. Fue diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) desde su primera legislatura y miembro del Consejo de Estado desde su constitución. Vilma presidió, desde su creación, la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer, de la ANPP.

En su juventud Vilma soñaba con bailar ballet clásico. Con este propósito ingresó en una institución cultural llamada Pro Arte de Oriente. En cierta ocasión, un grupo de la compañía de Alicia Alonso fue a presentar “El lago de los cisnes” en Santiago de Cuba, e incorporó en su función a muchachas de esa escuela, entre las cuales estaba Vilma, quien mantuvo una especial y hermosa relación de amistad con la Prima Ballerina Assoluta y el Ballet Nacional de Cuba. En 2015 la compañía estrenó el ballet “Vilma”, con música del pianista Frank Fernández, que fue un respetuoso acercamiento a las esencias de esa heroína.

Luchadora clandestina y guerrillera, madre de cuatro hijos, mujer de gran sensibilidad humana, Vilma es y siempre será paradigma señera de la mujer cubana, por lo cual ocupa un lugar privilegiado en la memoria histórica de la nación