Vilma Por Siempre: mujer de acero y miel

Daina Caballero Trujillo
PCC
Hoy a 15 años de su deceso, sigue viviendo en cada mujer cubana y en las heroínas de una historia en la que también su nombre quedó inscrito, gracias al mérito que se ha conquistado con los más elevados sacrificios.

“No se inmutaba ante peligro alguno, orientaba tareas, daba el consejo necesario, compartía experiencias y anécdotas que ayudaban a mujeres y hombres a ser mejores personas, no solo en el trabajo, sino en la propia vida”.

Fidel, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, describió en esta frase la esencia de una mujer que conoció de cerca, excepcional, inmejorable ser humano, defensora dela justicia y guerrera incansable por los humildes: Vilma Espín Guillois.

Hoy a 15 años de su deceso, sigue viviendo en cada mujer cubana y en las heroínas de una historia en la que también su nombre quedó inscrito, gracias al mérito que se ha conquistado con los más elevados sacrificios.

Nació en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930. Vilma luchóen la clandestinidad y en la Sierra, desafió al régimen de Batista en la época de estudiante de ingeniería Química Industrial, en la Universidad de Oriente. Con su nombre de guerra, Déborah, fue inseparable colaboradora de Frank País, participante en el alzamiento armado del 30 de noviembre de 1956.Fue nombrada Coordinadora Provincial de la organización clandestina en la provincia Oriente para luego formar parte del Ejército Rebelde.

Después del triunfo revolucionario de 1959 fue la conductora principal de las acciones políticas y estatales para materializar el acceso pleno de la mujer cubana a sus derechos, inserción social, sus realizaciones personales.

Su incansable lucha tuvo un momento cimero a partir de la creación de las Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el 23 de agosto de 1960 y la de los círculos infantiles en Cuba, el 10 de abril de 1961.

Para Vilma,el progreso cultural, político, social y espiritual de las mujeres era en sí mismo, en su esencia, el desarrollo de la sociedad cubana, la más justa posible y por ello vivió y trabajó.

“Los deberes revolucionarios y su inmenso trabajo nunca le impidieron a Vilma cumplir sus responsabilidades como compañera leal y madre de numerosos hijos”, diría también Fidel.

Amplia sonrisa en su rostro, vestida de verde olivo, con el cabello suelto o amarrado a un lado con una flor, son imágenes que se visualizan al evocar a Mónica, Alicia, Deborah y Mariela, seudónimos que con se conoció durante la lucha en la Sierra o en el llano.

Se conoce de su pasión por Raúl, de su furor ante lo mal hecho, de su estancia hasta deshoras en la oficina, de su amor por Cuba y por las causas de las mujeres que luchaban por sus derechos en todo el mundo. También es recordada como esposa, madre abnegada y tierna, cuidadosa de la educación y formación de sus hijos y nietos, exigente y amorosa.

Así la recuerda también Tamara Columbié, funcionaria de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y su compañera en lo personal y lo profesional, en dialogó con pcc.cu.

“Luchó mucho porque la mujer cubana accediera a cualquier puesto de trabajo- en tanto eso significaba la máxima expresión de su independencia-, y buscaba el respaldo científico, y es que actuaba y hablaba haciendo ciencia”, refiere.

Tamara conoció cada una de las luchas de Vilma, sobre todo aquella relacionada con eliminar los más de 800 puestos laborales prohibidos para las mujeres. Emocionada, agrega: “Yo voy mucho a ella, y en todo lo que hago me pregunto, ¿cómo lo haría Vilma? llevan razón quienes dicen que era de acero y de miel; era de acero en su tesón, en su interés por el desarrollo y la Revolución; pero en medio de eso, en esa búsqueda, era capaz de ser de miel, lo más humano del mundo”.

“El ejemplo de Vilma es hoy más necesario que nunca. Mientras la mujer cubana se levante cada día dispuesta a luchar por sus derechos, mientras dé otro paso en el camino para despojarse de estereotipos y roles erróneamente asignados, para erguirse como protagonista de su tiempo, de su presente y su futuro, ahí estará Vilma renacida, orgullosa de haber abonado ese camino.