Si se apagara Cuba

Miguel Cruz Suárez
Granma
Si se apagara Cuba, sería otra cosa a los ojos del mundo, tan solo un archipiélago de lindas playas, exuberantes casinos y sol perenne. Esta tierra, que durante muchos años ha sido fuente de titulares para la potente y dominante prensa occidental, encargada de divulgar los «terribles desmanes del socialismo», merecería entonces apenas una que otra referencia dispersa, sobre asuntos triviales y faranduleros

Si se apagara Cuba, sería otra cosa a los ojos del mundo, tan solo un archipiélago de lindas playas, exuberantes casinos y sol perenne. Esta tierra, que durante muchos años ha sido fuente de titulares para la potente y dominante prensa occidental, encargada de divulgar los «terribles desmanes del socialismo», merecería entonces apenas una que otra referencia dispersa, sobre asuntos triviales y faranduleros.

Para la «nueva» Cuba tendrán los viejos planes, en los que nunca han estado incluidos los sentimientos más auténticos de todos los cubanos. Seremos un pastel esperando el reparto, vendrán las viejas manos a reclamar lo suyo y tal vez las escuelas vuelvan a ser cuarteles.

Llegarán los de siempre con las mismas recetas que han cubierto de espanto a medio continente y a más de medio mundo, nos traerán de regreso los ajustes sociales, se desajustan las cosas que son buenas para las mayorías; no más hospitales sin pagar los seguros; no más aulas gratuitas para niños

tratados como iguales; no más libros de historia que hablen de Revolución; no más calles seguras y no mucho rigor con la tenencia de armas de fuego; nada de independencia y poca dignidad; el que pueda que triunfe, el que no, a resignarse, que no habrá mucho espacio para esos que quieran mostrar su rebeldía reclamando igualdad de derechos. Cada quien, a su causa, bien fragmentado, sin reconocerse en los otros.

Formarán sus partidos, pero curiosamente en esa «democracia» no aceptarán ninguno de ideas comunistas o cosa parecida, harán sus elecciones y subirá al poder el que más se parezca al último que había en décadas pasadas, cuando decir: yes, sir, era la orden del día. Y nada de pioneros custodiando las urnas, ni de gente humilde ocupando curules, solo la clase poderosa establecida. Todo muy al estilo de los modelos que quieren imponernos, donde la dignidad de esta tierra quede relegada a tal punto, que hasta lo imaginado puede ser solo el primer rasgo de un paisaje que no alcancemos a sospechar en sus penosos alcances.  Ya Cuba lo vivió y fue necesaria la Revolución.