No pueden llamarse muertos

Bertha Mojena Millian
PCC
En el altar más sagrado de la Patria, estarán ellos, Cuba los honra y les agradece, aunque hoy el dolor nos abraza sin remedio, nos corroe, se comparte, se multiplica

Dolor infinito. Dolor infinito - parafraseando al Apóstol cubano - debiera ser el único nombre para describir estas imágenes, este día durisimo.

Dolor infinito porque el dolor por la pérdida de vidas inocentes es el más desgarrador de los dolores. Y si esas vidas se pierden en el cumplimiento del deber, cuando estaban en la plenitud de sus facultades, de su juventud, es más lacerante aún.

Duele pensar en las madres, esposas, hijas e hijos, hermanos o hermanas, en familiares y vecinos, en compañeros de estudio o trabajo, en este pueblo todo que se arma una vez más de una coraza para sacar fuerzas de las heridas, levantar la cabeza, respirar profundo, secar las lágrimas y salir adelante.

En el altar más sagrado de la Patria, estarán ellos, Cuba los honra y les agradece, aunque hoy el dolor nos abraza sin remedio, nos corroe, se comparte, se multiplica.

Habrá que seguir entonces, de otras muchas formas, construyendo y viviendo con ellos, por ellos, por las tantas vidas que estuvieron dispuestos a salvar. Hace mucho tiempo lo aprendimos: los que mueren por la vida, no pueden llamarse muertos.