Niceto Pérez: héroe del campesinado cubano

María Caridad Pacheco González
Secretaria de Divulgación y Relaciones Públicas de la UNHIC
Corría la década de 1940 cuando el campesino Aniceto (Niceto) Pérez García dejó clara su voluntad de no ceder ante la injusticia, al ser fustigado por el latifundista Lino Mancebo Rosell para que abandonara su tierra en El Vínculo

Antes del triunfo revolucionario de enero de 1959, la injusta distribución de la tierra y el desamparo de los campesinos cubanos frente al apetito de los latifundistas constituyeron dos de las causas de la pobreza generalizada en los campos.

Corría la década de 1940 cuando el campesino Aniceto (Niceto) Pérez García dejó clara su voluntad de no ceder ante la injusticia, al ser fustigado por el latifundista Lino Mancebo Rosell para que abandonara su tierra en El Vínculo, terreno que formaba parte del Realengo No 3, escenario desde los primeros años de la república neocolonial de enérgicas protestas y movilizaciones campesinas contra los desalojos.

La Constitución de 1940 había dispuesto la proscripción de los latifundios, pero esto fue burlado constantemente por los terratenientes. De modo que Lino Mancebo, administrador de la Compañía Agrícola e Industrial Maca S.A, establecida en La Maya, Oriente, en su afán de apropiarse de los terrenos del Realengo, amenazó con desalojar a las familias que vivían en la zona. Es justo en este contexto histórico que despunta Aniceto Pérez García, a quien todos conocieron como Niceto.

Había nacido el 27 de marzo de 1908, según el Registro Civil, aunque varios familiares aseguran que fue el 20 de marzo de 1907 en el municipio de Güira de Melena, La Habana. Sus padres, oriundos de Islas Canarias, padecieron −como otros campesinos de aquella época− duras privaciones en la búsqueda del sustento y se establecieron en tierras guantanameras.

Con una prole de cinco niños y miembro de la Asociación Campesina de El Vínculo, Niceto Pérez poseía una pequeña porción de tierra que solo producía para la subsistencia familiar y que defendió con firme resistencia junto a otros campesinos. Esto le trajo atropellos y amenazas, con el objeto de atemorizarlo. Sin embargo, no surtieron los efectos que deseaba el latifundista y la respuesta que recibió de Niceto fue tajante: “Para quitarme la tierra hay que matarme”.

Finalmente, el 17 de mayo de 1946, durante el gobierno de Ramón Grau San Martín, agentes a sueldo del latifundista Mancebo ultimaron a Niceto, quien se encontraba trabajando en su pequeña finca en compañía de uno de sus hijos. Tenía solo 38 años cuando fue vilmente asesinado.

El crimen cometido contra el agricultor, lejos de acobardar a sus compañeros, acrecentó la indignación de la masa campesina. La ciudad de Guantánamo acogió a los trabajadores del campo y de la ciudad, unidos en manifestación de duelo y de repulsa en protestas que se extendieron a todo el país por el asesinato de Niceto Pérez. Sería, desde ese momento y para siempre, el héroe del campesinado cubano.

Trece años después, el 17 de mayo de 1959 en La Plata, Sierra Maestra, lugar donde radicó la Comandancia del Ejército Rebelde, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz firmó la Primera Ley de Reforma Agraria, haciendo realidad lo prometido en el Programa del Moncada de entregar la tierra a sus verdaderos dueños: los campesinos cubanos. El mismo día de 1961 se constituyó la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), organización que agrupa a los campesinos y representa sus intereses en lo económico, político y social.

Bibliografía: Regalado, Antero. Las luchas campesinas en Cuba. Editado por la Comisión de educación Interna del CC del PCC, La Habana, 1973.