La OEA que no nos representa, ni la queremos en América Latina y el Caribe (II)

Roxana Núñez Wilson
PCC
Como si fuera poco, la OEA ha criticado las acciones de la justicia boliviana contra los golpistas y la encarcelación preventiva de Jeanine Añez por las violaciones, muertes y persecuciones cometidas durante su gobierno.

Bolivia: La gota que colmó la copa

En octubre de 2020 el presidente electo de Bolivia, Luis Arce Catacora, decía en entrevista al diario Página 12: “Fue un insulto para el pueblo boliviano que la OEA viniera prácticamente con la misma delegación del año pasado, cuando hizo ese informe tan lapidario y vergonzoso, y se inmiscuyó en los asuntos de los bolivianos violando la normativa de los observadores internacionales. No estamos felices de recibir ningún piropo de la OEA, todo lo contrario, estamos indignados porque vinieron con la misma gente que el año pasado.”

El mandatario hacía referencia a la actuación de la OEA durante las elecciones de 2019. Era la gota que colmaba la copa con aquel informe sesgado, que aludía a un supuesto fraude electoral y le negaba la victoria al Movimiento al Socialismo (MAS), partido político liderado por Evo Morales, desencadenando una ola de violencia que devino en su renuncia.

Lo que siguió, por reciente, es una triste historia conocida: Golpe de Estado, manifestaciones, represión, masacres y la llegada al poder de un gobierno fascista con una representante de la ultraderecha boliviana, que hizo retroceder, en tan solo un año, todas las conquistas políticas, económicas y sociales alcanzadas por ese pueblo, que habían convertido a la nación en la más estable y de mayor crecimiento en la década precedente.

El 9 de agosto de este año, la Secretaría para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA -dependiente del despacho de Almagro- reiteró que hubo "una manipulación dolorosa" del resultado de los comicios de 2019 en Bolivia, y desestimó un estudio de la Universidad de Salamanca solicitado por la Fiscalía boliviana, que había descartado maniobras electorales.

La respuesta del gobierno legítimo de Luis Arce no se hizo esperar. El miércoles 25 de agosto último, ante los países miembros de la OEA, se acusó de injerencia a su secretario general, Luis Almagro, por ratificar que hubo fraude en las elecciones de 2019.

El canciller boliviano Rogelio Mayta, durante la reunión del Consejo Permanente de la OEA, lo calificó como "un agresivo acto de injerencia en la jurisdicción interna de Bolivia, acto que atenta contra su soberanía e independencia".

Como si fuera poco, la OEA ha criticado las acciones de la justicia boliviana contra los golpistas y la encarcelación preventiva de Jeanine Añez por las violaciones, muertes y persecuciones cometidas durante su gobierno.

El hecho de que el MAS ganara las elecciones en 2020, con una mayor participación que el año anterior, ha terminado por desacreditar el trabajo de la OEA y reafirma su agenda imperialista, muy lejos de los intereses de los pueblos.

Así lo ratificaron los políticos, mandatarios, cancilleres, sociólogos y , quienes una vez concretada la victoria del MAS, denunciaron a la OEA y  desenmascararon en foros internacionales, medios de prensa y redes sociales los verdaderos intereses que han movido el accionar de esa organización.

La propuesta de México.

“(…) Sostengo que ya es momento de una nueva convivencia entre todos los países de América, porque el modelo impuesto hace más de dos siglos está agotado, no tiene futuro ni salida, ya no beneficia a nadie”, expresaba el presidente de México, AMLO, en la XXI Reunión de Cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)

“(…) es ya inaceptable la política de los últimos dos siglos, caracterizada por invasiones para poner o quitar gobernantes al antojo de la superpotencia; digamos adiós a las imposiciones, las injerencias, las sanciones, las exclusiones y los bloqueos. Apliquemos, en cambio, los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias”, reiteró en el discurso de celebración  por el aniversario 238 del natalicio de Simón Bolívar, en el Castillo de Chapultepec, el pasado 28 de julio.

 

En 2008, ya Atilio Borón había alertado: "Tenemos que reconocer que EE.UU. es un imperio y un imperio no puede permitir una discusión entre iguales... entonces un vehículo como la OEA es un vehículo imperial. No nos sirve. Tenemos que buscar otra cosa." 

Trece años después, la propuesta que presentará México en la próxima Cumbre de la CELAC, aspira a una conversación entre iguales y eso, definitivamente, no es aspiración de la OEA.

 Al respecto, AMLO explicó que su propuesta es construir algo apegado a nuestra historia, realidad e identidades. “En ese espíritu no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie, sino mediador a petición y aceptación de las partes en conflicto, en asuntos de derechos humanos y de democracia”, precisó.

Los presidentes de Venezuela y Bolivia sumaron sus voces al pedido mexicano en sus cuentas oficiales de Twitter, mientras que el presidente argentino Alberto Fernández, durante una reunión virtual del Grupo de Puebla, refería: “Yo también lo digo: tal como está la OEA no sirve. Ya no es un lugar que nos convoca, es un lugar que nos disocia…es un escuadrón que avanza sobre los gobiernos populares de América Latina.”

El 22 de marzo de este año, el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, al denunciar la convocatoria a un deprimente show de mentira y manipulación contra Cuba orquestado por la OEA, recordó también el silencio de la misma sobre los crímenes de los golpistas en Bolivia, en 2019.

"Es ciega y sorda a cuanto crimen comete la derecha en América Latina”, dijo Díaz Canel.

Y es que así ha sido la OEA, la misma que ha apoyado golpes parlamentarios, procesos de judicialización contra líderes de la izquierda regional, acciones violentas y bloqueo económico contra países como Cuba y Venezuela, ha liderado campañas mediáticas como la desatada contra la colaboración médica cubana.

Sus intereses de hoy son los mismos de siempre: interferir en asuntos internos de los Estados, juzgar y tratar de imponer, al más crudo estilo dictado por Washington. Es la OEA a la que Cuba ha dicho una y otra vez que no volverá, porque nada tiene que ver con los verdaderos intereses y necesidades de nuestros pueblos soberanos.

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BIBLIOGRAFÍA