La catástrofe del pueblo palestino en 1948

Jorge Mazón Rodríguez
Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del PCC
Cada 15 de mayo se conmemora el Día de la Nakba, o la cátastrofe, en Palestina, fecha en que fueron expulsados alrededor de 800.000 civiles palestinos tras la ocupación de sus tierras y hogares en 1948

Cada 15 de mayo se conmemora el Día de la Nakba, o la cátastrofe, en Palestina, fecha en que fueron expulsados alrededor de 800.000 civiles palestinos tras la ocupación de sus tierras y hogares en 1948. Solo había transcurrido un día desde la proclamación del Estado de Israel en el territorio palestino y ya este mostraba su vocación expansionista y usurpadora. 

La partición de Palestina, aprobada por la ONU en noviembre 1947, precipitó los acontecimientos que venían desarrollándose desde hacía un tiempo. Mucho antes, Theodor Herzl había esbozado los fundamentos del sionismo y del futuro estado judío; el ministro de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour, expresó al barón Rothschild el apoyo de su gobierno al establecimiento de un “hogar nacional para el pueblo judío” en la región de Palestina; y los sionistas asentados paulatinamente en Palestina, apoyados por la oligarquía judía internacional, habían aprovechado el “descuido” de Gran Bretaña como Potencia Mandataria de la región para organizarse política y militarmente.

Una vez anunciado el cese del mandato británico sobre Palestina, la coexistencia entre las comunidades árabes y judías se tornó muy tensa y comenzaron los enfrentamientos ante el avance del proyecto sionista y la negativa de los palestinos a ceder sus territorios. En este punto, se implementó lo que los historiadores llaman “limpieza étnica programada”, una política deliberada encaminada a desplazar a los árabes palestinos para insertar a los inmigrantes judíos que empezaban a llegar en masa.

Yosef Weitz, director del Departamento de Tierras y Forestación del Fondo Nacional Judío y artífice de la adquisición de tierras para la comunidad judía en Palestina, dio fundamento ideológico a la política de expulsión: “(…) Entre nosotros ha de quedar claro que no hay lugar para los dos pueblos en este país (…) No alcanzaremos nuestro objetivo de ser un pueblo independiente mientras haya árabes en este pequeño país. La única solución es una Palestina, por lo menos Palestina occidental (al oeste del río Jordán) sin árabes (…) El único medio de conseguirlo es trasladar a los árabes de aquí a países vecinos, trasladarlos a todos; no ha de quedar ni una aldea ni una tribu. Solo así el país podrá absorber a millones de nuestros propios hermanos. No hay otra solución (…)” 

Uno de los hechos más notorios de la violencia de las bandas sionistas fue la masacre perpetrada en DeirYassin, donde fueron brutalmente asesinados 254 árabes palestinos. Un exgobernador militar israelí de Jerusalén lo describió así: “(…) unidades de las bandas de Etzel y de Stern organizaron conjuntamente, sin mediar provocación, un ataque deliberado contra el poblado árabe de DeirYassin, en el borde occidental de Jerusalén. No había ninguna razón que justificara el ataque. Se trataba de un poblado tranquilo, que había negado la entrada a las unidades árabes voluntarias del otro lado de la frontera y no había participado en ningún ataque contra zonas judías. Los grupos disidentes lo escogieron por motivos estrictamente políticos. Fue un acto deliberado de terrorismo (…)” 

Según el informe final de la Misión de Estudio Económico de las Naciones Unidas para el Medio Oriente en 1949, el número de refugiados palestinos resultantes de la violencia y la guerra posterior a la proclamación de Israel como estado ascendía a 726 mil, lo que constituía la mitad de la población autóctona de esa región . Desde ese entonces, solo en las zonas deCisjordania, incluyendo a Jerusalén Este, Gaza, Siria, Jordania y Líbano se contabilizan en más de 5,7 millones de refugiados palestinos , donde en estos momentos afrontan el impacto de la pandemia como una de las poblaciones más vulnerables.

Los árabes palestinos abandonaron sus hogares en 1948, tras la violenta ofensiva de ocupación del recién creado Estado de Israel, y se llevaron consigo sus llaves. Estas se han transmitido de generación en generación como símbolo de su derecho al retorno. Foto: Internet

Tras setenta y dos años de constantes amenazas, ataques y el intento sionista de privar a los palestinos de sus derechos, los principios de la causa palestina se mantienen inamovibles, al igual que el respaldo de Cuba al retorno de los refugiados y a la solución de dos Estados, que pasa por la materialización del derecho del pueblo árabe a su autodeterminación y a acceder a un Estado libre, independiente y soberano con su capital en Jerusalén Oriental, y enmarcado en las fronteras previas a la ocupación israelí de 1967.

Sirva entonces este Día de la Nakba para reivindicar el derecho de la población refugiada palestina a retornar a su país y sus hogares y para exigir el cese de los ataques del régimen sionista contra Gaza, donde los civiles, distribuidos a razón de 4167 habitantes por kilómetro cuadrado, son los que más sufren en cada ataque.

El pueblo hermano palestino no está solo y sabemos que, como dicen los estudiantes palestinos en Cuba refiriéndose a su patria: “Hoy, casi todo es hecho en China, excepto el coraje, que es hecho en Palestina”.