A Henry Reeve, el homenaje eterno de quienes ofrecen vida

Daina Caballero Trujillo
PCC
Ante la llegada de la COVID-19, el mayor peligro sanitario al que se ha enfrentado el mundo en el siglo XXI, el Contingente cubano se preparó para asistir a los pueblos que solicitaran ayuda. Sus miembros han llegado a más de 39 países, han atendido a más de 550 mil 900 personas y salvado más de 12 mil 488 vidas.  

Caridad Valdés, o Carucha, como le conocemos sus vecinos, llevaba dos años en Venezuela. Su misión: salvar vidas, como la de muchas otras enfermeras y enfermeros cubanos en aquella tierra y en otras tantas de los cinco continentes. 

“Ya estoy de regreso", llegó diciendo Carucha al consultorio en el que ha trabajado por más de 30 años. "Pero vine para darle un beso a mi nieta y me voy para Matanzas que allí es donde me necesitan. Yo soy de la Henry Reeve y ese nombre es hidalguía, dignidad y determinación, a mí me toca hacerle honores", dijo. 

Y sí,  Caridad Valdés llegó a Cuba después de años lejos, de añoranza familiar, de trabajo incansable y pidió ir a la zona roja como voluntaria, cuando Matanzas despuntaba con el peor brote de la epidemia en el país. Allí la necesitaban y como en sus otras misiones, había jurado estar en la primera línea de combate.

Henry Reeve, “El inglesito”, llegó a Cuba con 19 años y sin saber hablar una sola palabra en español, logró unirse a la causa emancipadora cubana y convertirse en General de Brigada del Ejército Libertador.

Se le adjudica haber participado en unas 400 acciones combativas. Muere con solo 25 años, un día como hoy,  pero ha sido eterno en los hombres y mujeres que como él son símbolo de internacionalismo y unidad de quienes en el mundo aman la libertad y el decoro.

El 19 de septiembre de 2005, por sugerencia del Comandante en Jefe Fidel Castro, y en respuesta a los afectados por el huracán Katrina en los EEUU, se funda “El Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias”. Este contingente lleva el nombre de “Henry Reeve” y predica, en honor al joven norteamericano, la solidaridad, el humanismo, la defensa y el ejercicio del derecho humano a la salud y el derecho a la paz.

En el terremoto de octubre de 2005 en Pakistán, que ocasionó la pérdida de 70 mil vidas humanas, 100 mil heridos y 3 millones de personas sin hogar, estuvo el Contingente Henry Reeve, de la misma manera que en el enfrentamiento a  la epidemia de Ébola en África en octubre de 2014 o en el año 2010, cuando Haití  se enfrentaba a la epidemia de cólera, momento donde se brindaron servicios de salud a más de 400 mil personas y se salvaron la vida de aproximadamente 76 mil.

Ante la llegada de la COVID-19, el mayor peligro sanitario al que se ha enfrentado el mundo en el siglo XXI, el Contingente cubano se preparó para asistir a los pueblos que solicitaran ayuda. Sus miembros han llegado a más de 39 países, han atendido a más de 550 mil 900 personas y salvado más de 12 mil 488 vidas.  

En Cuba, también las brigadas pertenecientes al Contingente Henry Reeve  que lleva el nombre de aquel muchacho que cayó lejos de su tierra pero cumpliendo con su deber y honrando sus convicciones, han dejado el amor, la entrega, la profesionalidad y el arrojo. Sus integrantes han viajado para batirse con la pandemia y de forma voluntaria desde Pinar del Río, La Habana y otros territorios, hasta  Matanzas, Ciego de Ávila y Guantánamo.

El líder histórico Fidel Castro el día de la fundación del Contingente dijo: “Nosotros ofrecemos vidas”.

Esta tesis fue reiterada por  el Primer Secretario del CCPCC y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, hace unos meses, al darle la bienvenida a casa a la primera brigada Henry Reeve que retornaba de combatir la pandemia en Europa: “Ustedes representan la victoria de la vida sobre la muerte, la solidaridad sobre el egoísmo”.

Y es que ser profesional de la salud en Cuba es un acto de amor, como lo fue para Henry Reeve luchar por la libertad de esta Isla. No existe ni existirá entonces un mejor tributo a su memoria que el hacer cotidiano para salvar una vida o luchar por una causa justa, aquí en Cuba, o en cualquier lugar del mundo.