Girón: victoria popular frente al imperio

Por: Dra. Francisca López Civeira
Departamento de Historia de Cuba de la UH
Los combatientes del Ejército y la Policía, junto a los milicianos, enfrentaron a los mercenarios y los derrotaron en 68 horas, mientras en el resto del país el pueblo movilizado cuidó sus barrios y centros de trabajo y estudio, de modo que hubo una acción colectiva en defensa de la Revolución

Abril de 1961 marca un momento de gran tensión y también de victoria popular, cuando fue derrotada la invasión preparada desde los Estados Unidos, dentro de un plan elaborado y aprobado con más de un año de antelación. Sin duda, la existencia de la Revolución Cubana tenía un alto significado a nivel continental pues representaba la ruptura de la hegemonía estadounidense en el área, lo que no era –no es- aceptable para la gran potencia. Esto determinó que muy pronto se diseñara la política que debía destruir a esa Revolución e impedir la aparición de “una segunda Cuba” en este hemisferio.

En esos planes estaba la utilización de la OEA, aunque sabían que muchas naciones latinoamericanas no querían entrar directamente en esos planes, lo que se demostró en la V reunión de consulta, de agosto de 1959, en Santiago de Chile, donde no lograron una condena directa a Cuba, por lo que había que trabajar más y mejor en la región.

Las “Instrucciones del Departamento de Estado a las postas diplomáticas y consulares en las Repúblicas Americanas”, de 15 de septiembre de 1959, articulaban ese propósito: convertir “en escéptica la opinión latinoamericana sobre Castro en los asuntos de dictadura, intervención y comunismo” para lo cual la USIS (United States Information Service) debía actuar y buscar que se viera el asunto como una reacción propia latinoamericana.[1] Es decir, había que construir una opinión pública favorable a sus intereses sin que se viera su mano.

El Memorándum del secretario de Estado asistente para asuntos interamericanos, Roy Rubottom, de 28 de diciembre planteó que “nuestra actitud de paciencia y tolerancia en la conducción de nuestras relaciones con Cuba” no podía considerarse un “signo de debilidad” que estimulara la promoción de “programas similares a los de Castro” que podían “socavar el prestigio de Estados Unidos.”[2] En realidad no había “paciencia y tolerancia”, pues ya se acometían acciones agresivas contra la Revolución Cubana, pero sin los resultados esperados. Había que actuar con más energía.

El 16 de marzo de 1960 el Grupo 5412 presentó el “Programa de acción encubierta contra el régimen de Castro”, el cual fue aprobado al día siguiente por el Presidente Eisenhower con la exigencia de que pudiera negar su conocimiento. Se planeaba la subversión en todos los órdenes incluyendo la preparación de una fuerza paramilitar. Para llevar adelante este plan se trabajó en la región: el 11 de julio, Eisenhower anunció un empréstito de 500 millones de dólares para el desarrollo con exclusión de Cuba; en agosto se celebró la VII conferencia de cancilleres en Costa Rica, donde se logró la Declaración de San José, que condenaba la intervención de una potencia extranjera en los asuntos hemisféricos, lo que significaba una condena implícita a Cuba aunque sin mencionarla directamente, y el Senado norteamericano aprobó el cese de la ayuda a los países que colaborasen económicamente con Cuba o le vendieran armas; en octubre se prohibieron los embarques de mercancías a Cuba con excepción de medicinas; el 3 de enero de 1961 Estados Unidos rompió las relaciones con Cuba; el 13 de marzo el presidente electo, el demócrata John F. Kennedy, anunció el Programa de la Alianza para el Progreso para América Latina; el 31 de marzo se suspendió la cuota azucarera a Cuba y se repartió entre otros países del área; el 14 de abril Kennedy envió a los miembros de la OEA la proposición de participar en el Consejo Interamericano Económico y Social para discutir la Alianza para el Progreso y el 15 de abril se bombardeaban aeropuertos cubanos. El 17 de abril se produjo la invasión.

Los combatientes del Ejército y la Policía, junto a los milicianos, enfrentaron a los mercenarios y los derrotaron en 68 horas, mientras en el resto del país el pueblo movilizado cuidó sus barrios y centros de trabajo y estudio, de modo que hubo una acción colectiva en defensa de la Revolución y, por supuesto, con su líder al frente. Por eso el pueblo siempre exclamó: “Fidel, que tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”.

Fue una victoria popular, de todos, que marcó la primera gran derrota militar de los Estados Unidos en este continente.

 

[1]Foreign Relations of the United States, 1958-1960, vol. VI, Washington, 1991, pp. 599-602

 

[2] Ibíd., 716-720