El Cubano Libre en la guerra de 1895

Jorge Wejebe Cobo
ACN
“El Cubano Libre es un cuerpo de ejército compuesto de doce columnas, que se bate, se bate bien, diariamente por la causa de Cuba; y los españoles darían algo por darle una carga. Mucho ojo… y aprieten”, escribió el Lugarteniente General.

Era proverbial que Antonio Maceo en sus operaciones siempre organizara un sistema de inteligencia y de correos con hábiles patriotas, quienes desde pueblos y ciudades le enviaban, además de información, ejemplares de periódicos nacionales y extranjeros que él estudiaba para conocer cómo reflejaban la contienda, ya que comprendía la importancia de los medios para el esfuerzo independentista.

Un hecho fortuito le permitió dotar al Ejército Libertador de un periódico cuando en junio de 1895 se encontraba en la zona norte de la región oriental y ocupó una pesada imprenta. Para frustración de muchos combatientes que pensaban convertir en proyectiles las letras de plomo, ordenó trasladar el equipo a lomo de caballo hasta el campamento junto al río Barigua, a decenas de kilómetros de distancia.

Allí se comenzó a imprimir nuevamente y con igual nombre el primer periódico mambíEl Cubano Libre, fundado en los días gloriosos del levantamiento del 10 de octubre de 1868 por Carlos Manuel de Céspedes.

Aquel segundo El Cubano Libre salió el tres de agosto de 1895 en la Cueva de Sao Corona, cerca de la Hacienda de Birán donde nacieron Fidel y Raúl Castro, dirigido por el patriota Mariano Corona Ferrer con la colaboración de José María Heredia, Federico Pérez Carbó, José Miró Argenter y el doctor Joaquín Castillo Duany, y durante los cerca de mil días de guerra fueron publicadas alrededor de 100 ediciones.

Maceo dejó en cartas el testimonio de la gran importancia que dio al trabajo de la prensa revolucionaria, lo que ratificó la idea del Apóstol José Martí cuando dijo que el Titán de Bronce tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo.

“El Cubano Libre es un cuerpo de ejército compuesto de doce columnas, que se bate, se bate bien, diariamente por la causa de Cuba; y los españoles darían algo por darle una carga. Mucho ojo… y aprieten”, escribió el Lugarteniente General.

Aquellas palabras no eran falsas lisonjas, como lo demuestra la impresión de Modesto A. Tirado, periodista puertorriqueño incorporado al Ejército Libertador, quien visitó la cueva en que radicaba la redacción mambisa.

“Penetramos en el lugar donde se imprime El Cubano Libre y encontramos allí la imprenta completa. Desde el tipo más pequeño hasta la prensa de manos, todo en perfecto orden. Es admirable y digna de todo encomio la gran voluntad de estos hombres, encerrados en el corazón de un espeso bosque, con el componedor en la mano y al lado el rifle, dedicando todo su tiempo a la importante tarea de difundir por los ámbitos de la República y fuera de ella los triunfos de nuestro Ejército y los errores del enemigo, empecatado y cruel”. (…)

El periódico funcionó durante toda la Guerra Necesaria desde diversos lugares, salía cada sábado y era repartido a los campamentos y prefecturas por enlaces o correos, e inclusive era enviado al exterior a las comunidades de patriotas, esencialmente en EE.UU.

Por tercera vez El Cubano Libre volvió a publicarse, pero esta vez en la Sierra Maestra por el Comandante Ernesto Che Guevara, que tenía como objetivo establecer la continuidad histórica de las luchas independentistas que culminaron con la victoria definitiva del Primero de Enero de 1959.