Según relato del Comandante Juan Almeida Bosque, recogido en el texto Días de Combate, el combate del Uvero fue: “(…) un ataque por sorpresa, el primero de gran envergadura que librábamos contra las fuerzas del régimen de Batista (…) Fue una victoria completa para nosotros. Capturamos en el “Uvero” muchas armas, entre ellas rifles Garand y Browing, que eran un botín valiosísimo para nuestras fuerzas, así como gran cantidad de parque.”[1]
Pero, ¿en qué condiciones llegaba la guerrilla al ataque del Uvero y qué acontecimientos de importancia antecedieron la fecha?
El año 1957 comenzaba con las victorias de La Plata, el 18 de enero, y de Arroyos del Infierno, cinco días después, el 22. Estos triunfos tuvieron gran importancia y fortalecieron la confianza entre las filas insurrectas pues demostraron al pueblo que el núcleo rebelde existía y que la revolución era una realidad. A mediados de marzo de ese año, después de largas marchas, llegaron los refuerzos que prometiera Frank País. En aquel momento esto representaba un apoyo de alta significación para la guerrilla. En palabras del Comandante Guevara:
“Los meses de marzo y abril de 1957 fueron de restructuración y aprendizaje para las tropas rebeldes. Después de recibido el refuerzo (…) nuestro ejército tenía 80 hombres (…) Ya no le sobraban fusiles a las tropas; al contrario, le faltaban. Estábamos en una nueva época. Se había producido un cambio cualitativo; había toda una zona donde el ejército enemigo trataba de no incursionar para no topar con nosotros”.[2]
El 23 de mayo desembarcó en las costas de Mayarí la expedición del Corynthia. Dirigidos por Calixto Sánchez, el grupo de jóvenes pertenecientes a la Organización Auténtica, fue tenazmente perseguido por la tiranía. Frente al hostigamiento al cual fueron sometidos los expedicionarios, Fidel decidió acelerar los preparativos de un nuevo golpe contra las fuerzas de la dictadura. Con esta acción pretendía que el enemigo tuviera que desviar su atención hacia la Sierra Maestra y no cayera con todas sus fuerzas sobre la zona del desembarco.
El objetivo escogido para presentar combate al enemigo fue el cuartel ubicado en El Uvero, entre el Turquino y Chivirico, en la costa sur. Uvero era uno de los puntos de la costa donde se habían establecido fuertes guarniciones como parte de las medidas de reforzamiento militar en la Sierra.
En esta violenta acción, el 28 de mayo de 1957, participaron directamente más de 80 combatientes rebeldes. Fue un hito fundamental en la guerra revolucionaria en las montañas. Las acciones duraron 2 horas y 45 minutos, hasta que al fin la guarnición del cuartel terminó por rendirse.
Como resultado del combate, de los 53 soldados de la tiranía que defendieron el cuartel, 11 fueron muertos y 19 heridos; por parte de los rebeldes se contabilizaron 7 muertos y 8 heridos.[3] Sobre esta victoria expresó Ernesto Che Guevara:
“Para nosotros fue además, la victoria que marcó la mayoría de edad de la guerrilla. A partir de este combate, nuestra moral se acrecentó enormemente, nuestra decisión y nuestras esperanzas de triunfo aumentaron también, simultáneamente con la victoria y, aunque los meses siguientes fueron dura prueba, ya estábamos en posesión del secreto de la victoria sobre el enemigo”.[4]
Las armas ocupadas en el combate del Uvero y el crecimiento que experimentaban las filas de la guerrilla, permitió la creación poco tiempo después de una segunda columna denominada Columna 4, bajo el mando de Ernesto Che Guevara, que fue ascendido a Comandante el 22 de julio de 1957.
En el Uvero comenzó a quedar de manifiesto que, mediante la lucha guerrillera, no solo era posible hostigar al régimen dictatorial y mantener un exponente simbólico de la rebeldía del pueblo, sino que el Ejército Rebelde podía desarrollar las potencialidades necesarias para provocar la toma del poder por la Revolución.
[1]Juan Almeida Bosque. “Ataque a Uvero” En: Días de Combate. Instituto del Libro, la Habana, Cuba, 1970, pp. 29-30.
[2]Ernesto Guevara de la Serna.Obras 1957-1967. Colección Nuestra América, Casa de las Américas, La Habana, 1970, t. 1, pp. 244-245.
[3]Para ampliar sobre este aspecto puede consultarse: Heberto Norman Acosta y Pedro Alvárez-Tabío. Diario de la Guerra 2. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2010 y Francisca López Civeira, Mario Mencía y Pedro Alvárez-Tabío.Historia de Cuba. 1899-1958. Estado nacional, dependencia y Revolución. Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2012.
[4]Ernesto Guevara de la Serna. Ob. Cit. t.1, pp. 266-267.







