Cuba: la Constitución forjada frente al imperio y la trampa anexionista

Xenia Balón y Daina Caballero
PCC
El 10 de abril de 2019 fue proclamada la nueva Constitución de la República, tras haber sido modificada y aprobada por más de seis millones de electores el 24 de febrero de ese año.

El 10 de abril de 1869 se aprobaba la primera constitución cubana, redactada en la Asamblea que tuvo lugar en la localidad de Guáimaro, en la entonces central provincia de Camagüey.

El texto pretendía lograr la organización y unidad del movimiento revolucionario y conformar un documento rector único que fijara los órganos de gobierno y reconociera la importancia de la lucha libertaria como vía para lograr la independencia de la Isla, sometida al poder colonial español. En sus preceptos proclamó la libertad y la igualdad de los hombres al abolir la esclavitud.

Se cimentaban así desde principios basados en la soberanía, la igualdad, el respeto a la autonomía y la defensa de la Patria, las bases de lo que hoy rige la vida jurídica, social, política del estado y el pueblo cubano.

Años más tarde fue aprobada la Constitución de Jimaguayú, texto que superó las contradicciones entre el mando civil y el militar, tras la experiencia de la Guerra de los Diez Años. Luego, el 10 de octubre de 1897, en La Yaya, también en Camagüey, surgía una nueva Constitución, que adoptó el nombre de esa zona.

En esa ocasión se sumarían al texto legislativo los requisitos para ser considerado ciudadano cubano, así como el deber cívico de servir a la Patria al implantar el servicio militar como obligatorio. Definió, además, los requerimientos para ocupar la presidencia de la República y reguló los derechos civiles individuales.

Las Constituciones de Baraguá, Jimaguayú y La Yaya, proclamadas en distintos momentos de la contienda insurreccional, son una expresión continuadora de la tradición constitucionalista revolucionaria de nuestra historia.

La libertad y la independencia frente al colonialismo español fueron principios rectores de las constituciones mencionadas, unido al reconocimiento de la igualdad entre todos los cubanos.

Finalizada la guerra y con España derrotada, ocurre la ocupación militar norteamericana y se aprueba la Constitución de la República de 1901, a la cual se le impuso como apéndice la Enmienda Platt. Iniciaba así una nueva etapa de la historia cubana en la que se subordinaba nuestra soberanía a los intereses de su vecino del Norte: Estados Unidos.

A la Mayor de las Antillas “se le concedió la independencia formal el 20 de mayo de 1902, con bases navales norteamericanas y con la enmienda constitucional impuesta, que entre otras cosas daba a los Estados Unidos el derecho de intervenir en Cuba. Se instaura así la neocolonia yanqui en nuestra patria”, expresaría el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en el Informe Central al Primer Congreso del Partido, en diciembre de 1975.

La Enmienda Platt: el camino a la neocolonia

«Hay que tenerle mucho miedo, primero a los pretextos y después al oro y a los cañones de los imperialistas del Norte». Con esa advertencia, el general Máximo Gómez Báez alertaba sobre el peligro que corría Cuba y los esfuerzos de tantos años por lograr una nación soberana, un anhelo mancillado con la imposición de la Enmienda Platt.

El 12 de junio de 1901, bajo la ocupación e intervención militar norteamericana, el gobierno imperialista de Estados Unidos impuso el apéndice constitucional a la primera Carta Magna aprobada en días anteriores por la Con­vención Constituyente, integrada por los delegados electos por el pueblo cubano. Cuba se convertiría así en una República Neocolonial.

Con tácticas engañosas, manipulación y burdos chantajes, la Enmienda prescribía en sus artículos la exclusión de la Isla de Pinos de los límites nacionales, además de imponer la venta de territorios para carboneras y estaciones navales.

Varios fueron los patriotas cubanos que se pronunciaron al ver truncado el sueño de la libertad por la que tantos años se había luchado. Juan Gualberto Gómez, uno de los revolucionarios que con mayor claridad expuso el propósito de la enmienda, señalaría que dicha resolución “tiende, por los términos de sus cláusulas principales a colocar a Cuba bajo la jurisdicción, dominio y soberanía de Estados Unidos”.

En el orden de las relaciones respecto a Estados Unidos definiría “la situación de Cuba, como la de un pueblo vasallo”.

Máximo Gómez, expuso sus concepciones en su ensayo Porvenir de Cuba, escrito en 1902: “…ahí tenemos la Ley Platt, eterna licencia convertida en obligación para inmiscuirse los americanos en nuestros asuntos…”.

El peligro que representaba la pérdida de la autoctonía ante los influjos del poder cultural  hegemónico norteamericano también fue una de las preocupaciones del Generalísimo, quien afirmó:  “Llegará un día en que perdido hasta el idioma, nuestros hijos, sin que se les pueda culpar, apenas leerán algún viejo pergamino que les caiga a la mano, en el que se relaten las proezas de las pasadas generaciones, y esas, de seguro les han de inspirar poco interés, sugestionados como han de sentirse por el espíritu yankee».

Luego de una larga tradición de lucha, sustentada en una ética emancipadora, la imposición de la Enmienda Platt constituía uno de los pasajes más humillantes de la lucha insurreccional. La sangre derramada, el orgullo y el sacrificio de los hijos que amaban a esta Isla, en los últimos 30 años de contienda, fueron omitidos ante la voracidad del imperio norteamericano que dio paso a la ansiada anexión y subordinación de la isla durante la época neocolonial.

Soberanía vs Anexionismo

En un contexto histórico marcado por el derrocamiento de la dictadura de Gerardo Machado, se aprueba la Constitución de 1940, que reconoció el derecho de los obreros a la huelga, declaró el trabajo como un derecho inalienable del hombre y proscribió la discriminación por motivo de sexo o color de la piel. También estableció la protección especial a la familia y a la igualdad de la mujer, se pronunció por la educación general y gratuita así como por la salud pública al alcance de todos.

Sin embargo, la Constitución de 1940 no contó con una legislación posterior que la respaldara y quedó en letra muerta.

Con la entrada del Ejército Rebelde a La Habana, el 1ro de enero de 1959, se rescataron los postulados fundamentales de la legislación del 40, dando paso a la promulgación de la Ley Fundamental el 7 de febrero de 1959, base constitucional de los nuevos desafíos. Años más tarde, teniendo en cuenta las circunstancias del proceso revolucionario, se hizo necesaria la concepción de una nueva Carta Magna, proclamada el 24 de febrero de 1976 y reformada en 1978 y 1992.

Desde entonces, nuestra legislación establece como principio insoslayable que Cuba es un Estado socialista de trabajadores, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como República unitaria y democrática, para el disfrute de la libertad política, la justicia social, el bienestar individual y colectivo y la solidaridad humana.

La Constitución actual fue debatida ampliamente y aprobada en referendo realizado en febrero de 2019, por el 86,85 por ciento de los votantes, abrumadora mayoría que escogió de manera soberana y libre el sistema socialista, su irrevocabilidad y el derecho de combatir por todos los medios contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido.

Su texto preserva los principios humanistas heredados de nuestra tradición de lucha, garantiza la continuidad de la Revolución, sintetiza las aspiraciones de todos los que a lo largo de más de 150 años han luchado por una Cuba libre, independiente, soberana y de justicia social.

Pero las pretensiones anexionistas de Estados Unidos hacia Cuba no han concluido, persisten entre quienes por más de 60 años han venido modificando su estrategia de guerra y ajustándola a los tiempos actuales, con un marcado uso de los medios de comunicación y las redes sociales, destinando fondos millonarios dedicados a la subversión interna y a las sanciones económicas comerciales y financieras, en su afán de asfixiar a la familia cubana.

En la última década, la Guerra no Convencional se ha vuelto la modalidad tipo utilizada por Estados Unidos para derrocar gobiernos contrarios a sus intereses. Muchas han sido las variantes: pretextos para generar manifestaciones antigubernamentales marcadamente ilícitas y anticonstitucionales, argumentando descontento popular por la situación económica, política y social de una nación; intervención en los asuntos internos de los países por parte de terceros alegando una supuesta crisis humanitaria o violación de los derechos humanos.

Lo que Estados Unidos olvida es que el pueblo cubano creció con su Revolución y no cree en neoplattistas construidos al antojo y conveniencia imperial. Olvidan nuestra historia de resistencia, patriotismo, solidaridad y heroísmo. Pretenden imponer una ruptura en nuestro proceso histórico, como si nuestras convicciones y la confianza en el proceso revolucionario y sus líderes, tuviera precio.

A Cuba, tierra amada, sus hijos e hijas verdaderos han sabido defenderla y quererla con apego a la legalidad, esa que se ha ido transformando y perfeccionando en la medida en que construimos el país mejor que queremos, con todos y para el bien de todos, y en el que la ley primera sigue siendo el culto a la dignidad plena.

Nos asiste la razón, siempre sustentada en el martiano decir: De altar, Cuba, para seguir ofrendándole nuestra vida, nunca de pedestal, para levantarnos sobre ella.