“La suerte de Cuba depende de muchas variables; entre ellas, del modo en que cada uno de sus hijos actué. Unidad, disciplina, responsabilidad, coraje. Todos por la vida de todos”, dijo en su cuenta en Twitter, el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel.
La urgencia que ha impuesto la COVID-19 en los últimos días a Cuba requiere de actuar con conciencia, de movilizarnos desde la disciplina y luchar como ya es costumbre en la Isla, por el bien más preciado: la vida de cada ciudadano. Aunque no son pocos los territorios donde crecen los números de transmisión, Matanzas está hoy en el epicentro de la enfermedad y allí esta Cuba toda.
La presencia de todo un pueblo se siente y se hace evidente en ese territorio. Desde el Presidente y la dirección del país, que revisa con lupa cada dificultad, hasta el chofer que brinda su auto para llevar material médico a los hospitales de la provincia, o los cientos de cubanos que desde sus hogares comparten lo que tienen y se suman a la iniciativa de recogida de insumos, organizada por la Universidad de la Habana y otras asociaciones de la sociedad civil, para ayudar en centros de aislamiento e instituciones sanitarias.
Hoteles e instalaciones del sector turístico en la provincia se preparan para prestar asistencia en esos centros con el propósito de ampliar capacidades para el ingreso de casos positivos a laCOVID-19 y ante la compleja situación epidemiológica en la provincia.
También llegaron a Matanzas 50 jóvenes recién graduados de Medicina que ponen el pecho ante el desafío y van a trabajar a la línea roja, con valentía y humildad. Y hace solo unos días ya trabajan sin descanso los más de100 médicos y enfermeras de una brigada del contingente Henrry Reeve que se desdoblan como en cada misión en el exterior para que no quede un solo paciente sin atender y, en la medida de lo posible, sin salvar.
Cuánto conmueven y fortalecen los actos de generosidad de miles de amigos en el mundo entero, esa solidaridad limpia, sin segundas intenciones ni ansias de protagonismo, ni cuestionamientos, ni juicios. Esas muestras de amor que salvan y dan aliento.
A Cuba, como al mundo, la pandemia de coronavirus le ha marcado un ritmo demoledor, ha distorsionado la vida cotidiana, ha roto el equilibro entre desarrollo y estancamiento económico, ha quebrado fuerzas, conciencias, esperanzas. Sin embargo, ha reafirmado algo que para quienes vivimos en esta Isla, bloqueada por el imperio de los Estados Unidos, ya es materia aprendida: la solidaridad, el amor, la unidad, el respeto, la sensibilidad, la convicción de estar donde se necesite.
El nuevo rebrote de la enfermedad, con su ola de dolor y sinsabores, no podrá detener el ritmo de la vida de una nación que con tanto esfuerzo ha logrado resultados científicos sin precedentes para América Latina y el mundo: poner a sus dos candidatos vacunales, Abdala y Soberana 02, no sólo a disposición de la salud de cubanas y cubanos, como ya se ha estado haciendo con la vacunación en varias provincias del país, sino de pueblos hermanos que la necesiten. En la fuerza de sus hijas e hijos está la fuerza de este país.







