Aracelio Iglesias, un comunista en los muelles de La Habana

Lic. José Carlos Díaz Borges
Departamento de Historia de Cuba, UH
Con 13 años se instaló en la barriada ultramarina de Regla, iniciando su extenso recorrido dentro del puerto, en el cual se contrató como bracero, en los muelles de San José

Un día como hoy 22 de junio, hace ya 120 años, nació Aracelio Iglesias Díaz en el poblado Consolación del Sur de la provincia de Pinar del Río. Allí, dentro de un ambiente semirrural marcado por la depresión económica, transcurrieron sus primeros años hasta que, debido a una tragedia familiar que terminaría dejándolo huérfano, pasó a La Habana bajo el amparo de una tía.

Con 13 años se instaló en la barriada ultramarina de Regla, iniciando su extenso recorrido dentro del puerto, en el cual se contrató como bracero, en los muelles de San José.

La limitada instrucción escolar que poseía no constituyó un impedimento para su ingreso a la Sociedad reglana Juan Gualberto Gómez”, organización donde logró complementar su nivel educativo. Esto fue harto complejo, dado los avatares que regían la época.

El joven Aracelio Iglesias descollaría dentro de la institución, erigiéndose como su secretario en 1924, nominación que retendría durante tres años consecutivos. Posteriormente comenzaría a vincularse con varios grupos y organizaciones obreras del puerto, derivando finalmente en la militancia dentro de las filas del Partido Comunista.

A pesar de su juventud, logró ganarse el respeto dentro de los grupos sindicales por su arrojo, disposición ante el trabajo y un temperamento rebelde. Comenzaba a friccionar con los patronos. Conocedor en carne propia de las inhumanas condiciones de trabajo y los miserables sueldos recibidos por los obreros, Iglesias enfatizó su actividad sindical durante la década del treinta. Debido a ello fue detenido, enjuiciado y llevado arbitrariamente tras las rejas del Presidio Modelo en Isla de Pinos.

Ya en libertad, tras la llamada “apertura democrática” de 1937, resultó electo secretario de finanzas del Sindicato de Estibadores y Jornaleros. Luego, después de dar pruebas de una actitud consistente y marcadas cualidades de líder, se alzó con el secretariado general de la organización. Se pondría freno entonces a la situación de privilegios que prevalecía en el puerto, sentándose las bases para lograr el establecimiento de las demandadas listas rotativas.

Al siguiente año, Aracelio Iglesias figuraba dentro del Comité Ejecutivo de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), consolidándose así el ascenso del humilde obrero dentro del medio sindical cubano.

Los años cuarenta tomaron al líder portuario enfrascado en la lucha por el reclamo del pago al descanso retribuido adeudado por la corporación Ward Line a sus trabajadores. Estas movidas le acarrearon numerosas persecuciones y detenciones. Finalmente, tras años de demandas y presiones, el Congreso de la República aprobó la ley no. 11 del 20 de marzo de 1943, donde se convalidó el establecimiento de las Listas Rotativas de Trabajo.

Comenzaba así una etapa en la cual Iglesias pasaría a dirigir la Comisión de Control de Estibadores, emprendiendo la ardua tarea de unificar a todos los obreros del sector bajo el Sindicato de Estibadores y Jornaleros de la Bahía de La Habana, labor que finalmente concretaría.

Pueden adjudicarse durante este período postrero de la vida de Aracelio Iglesias, la consecución de una serie de prerrogativas que beneficiaron al sector portuario. Algunas de estas fueron el establecimiento de tarifas salariales, así como su paulatino aumento a través de querellas y reclamos; la sostenibilidad del descanso retribuido; la presencia de personal médico y de emergencias en el puerto; el establecimiento de una escuela; así como la codificación de un margen legal que facultase el derecho al reclamo y la huelga.

Por todo lo anterior, la figura del líder comunista pasó a centrarse en la mirilla de la camarilla auténtica. Varios habían sido los escollos levantados por los portuarios al gobierno, dado los frecuentes pleitos legales emprendidos contra compañías comerciales, navieras y patronos. Durante la administración de Carlos Prío (anticomunista furibundo por demás), la publicación en la prensa de un artículo donde se calificaba al dirigente sindical como el “Zar Rojo del puerto” acompañado por una gran fotografía, devino en su sentencia de muerte.

Conocedor de la tenacidad y empuje de Iglesias, el presidente Prío recurrió al empleo de bandas paramilitares y gansteriles para hacer el trabajo sucio.

Dejaba de existir Aracelio Iglesias a las 4:50 am del lunes 18 de octubre de 1948, en una de las salas del hoy Hospital de Emergencias. El líder comunista y portuario, acostumbrado a dar el pecho franco al abuso y la explotación, había sido doblegado con cinco balazos por la espalda el día anterior.