Un campechano que dirige desde el Partido

Delia Proenza
Escambray
Tiene 47 años y es graduado de Medicina Veterinaria, una especialidad que no cambiaría por nada en el mundo y a la que aspira a regresar cuando llegue el momento de abandonar la responsabilidad que hoy ocupa: primer secretario del Partido en el municipio de La Sierpe, en Sancti Spíritus.

Cuenta con simpatía cualquier historia, lo mismo las de la casa embrujada en que vivió su madre, donde la cama cada noche se separaba de la pared y las cosas caían sin caer, que las del lugareño pícaro y probablemente incorregible a quien ha procurado enderezar cada vez que tuerce el camino.

Tiene 47 años y es graduado de Medicina Veterinaria, una especialidad que no cambiaría por nada en el mundo y a la que aspira a regresar cuando llegue el momento de abandonar la responsabilidad que hoy ocupa: primer secretario del Partido en el municipio de La Sierpe, en Sancti Spíritus.

Julio Bismar Hernández Vázquez era conocido, hasta hace unos años, como el hijo de Merejo, un hombre a quien todos en aquel municipio respetan por haber sido fundador de los órganos locales del Poder Popular y dirigente político. De él y de su madre heredaró la llaneza en el trato hacia los demás que le ha granjeado el cariño de la gente.

Lo buscan hasta en la madrugada para que ayude con el parto de una perra o ponga fin a la tos persistente de algún otro animal afectivo. Tiene guardados en su oficina algunos de los recursos para esas contingencias y ha brindado mucha asesoría a través de grupos de WhatsApp.

Desinhibido desde la infancia, multiplicó su activismo durante los estudios en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, desde donde viajó al Quinto Congreso de la FEU. En 1999 fue elegido presidente de la Organización de Pioneros José Martí en su territorio y asistió, en 2001, al Tercer Congreso Pioneril. Allí cumplió su sueño de ver a Fidel.

“Sostenía al hermanito de Elián González sobre sus piernas y en un momento determinado le dijo: ‘Mira qué niña más linda’, apuntando a la pequeña que yo sostenía en mis brazos, para que pudiera verlo a él. Riendo, desestimó un regaño a Elián por haber lanzado una serpentina que le cayó encima. Dijo que el niño estaba disfrutando, que lo dejaran divertirse”, refiere sobre aquella vivencia.

Amigo de los retos que la vida le impone, no ha escatimado tiempo para cultivarse y superarse, al punto de vencer una maestría (Cultura Económica y Política) mientras cursaba la Escuela Superior del Partido Ñico López. Y cuando tuvo entre sus funciones labores del sector educacional, buscó la categorización para impartir clases en la universidad del municipio.

Le place, entre muchas satisfacciones, el haber recibido la visita a La Sierpe del presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en enero del 2019, cuando, emocionado, tuiteó su admiración por los resultados que pudo constatar en una finca ganadera.

Dicen que usted generalmente anda a pie…

–No me gusta moverme en el jeep dentro de la cabecera municipal, porque siento que eso me aleja de las personas. Ando a pie y converso con la gente, no importa si se trata de alguien que, por ejemplo, tiene una adicción. Siempre que puedo ayudo a resolverles el problema.

“Ante quejas que recibimos, prefiero comprobar yendo al lugar, buscando la realidad por medio de los conocidos. Cuando usted se identifica bien con las personas, la gente te la da pura, no hay mejor verdad que esa. Me gusta mucho el llamado de atención a solas, apelar a la vergüenza y a la conciencia del hombre”.

Amigo de desalmidonar los diálogos, las reuniones… ¿Por qué?

–Opto por mezclar el trabajo con la jocosidad, me gusta apelar a los chistes y que se distiendan los ánimos y tensiones. A veces, de tantos análisis, la gente llega un momento en que deja de pensar y es bueno que analicen, pero que también piensen, propongan, busquen alternativas.

¿Cuáles son las prioridades del Partido en La Sierpe?

–Impulsamos un movimiento político al que hemos denominado “Por el amor a mi terruño”, con un diseño visual propio y con dos vertientes, una de ellas exigir por el desarrollo económico y productivo, que aquí cuenta con una fortaleza enorme y es la riqueza del recurso hidráulico. La otra es lo referido a la imagen y atención a las comunidades y zonas de residencia. Aquí entran el plan de la vivienda y los servicios básicos.

“La vida interna del Partido constituye también prioridad. Habíamos decrecido en militancia y desde el 2015 ese decrecimiento se detuvo. Todavía la política de cuadros tiene problemas que tratamos de solucionar”.

Llegaron a tener 300 contagios de covid en un mes. ¿Qué enseñanzas les ha dejado la pandemia?

–La covid nos enseñó a ver las debilidades de las familias y la necesidad de aunar esfuerzos. Tuvimos, en determinado momento de septiembre pasado, 182 viviendas aisladas. Remitíamos a las personas para Sancti Spíritus, ya que el servicio municipal estaba colapsado.

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Entonces sobreviene, emotiva, la historia de cómo la reflexión de una amiga de preuniversitario, recluida en un centro de aislamiento y en serio peligro, le hizo ver la posibilidad antes no valorada: habilitar la única sala de ingreso del policlínico para pacientes de covid. Fue así que con esfuerzos del personal médico local salvaron varias vidas.

¿Expectativas?

–Seguir acompañando a este pueblo con decisiones acertadas. Yo digo que vivo en un pueblo humilde, revolucionario, hospitalario y muy laborioso. Si algo me motiva a trabajar todos los días es ese amor que siento por La Sierpe, porque soy de aquí y porque las personas me lo retribuyen con su aceptación y cariño.

(Tomado de Escambray)