Trucutú está en el mapa

Ailén Castilla Padrón
Periódico Invasor
Calificada como una comunidad vulnerable del municipio avileño de Primero de Enero, en Trucutú el trabajo comunitario integrado tiene que hacer milagros

A la comunidad de Trucutú, en Primero de Enero, se llega por un camino angosto y desolado, al que cualquier llovizna le saca el fango y los achaques, y es imposible saber si se rueda sobre terraplén o por una vereda zigzagueante.

Son cerca de 20 kilómetros los que la separan de la cabecera municipal y alrededor de 300 las personas que a ambos lados del camino han levantado sus casas, unas de tabla y guano, y otras más confortables, con zinc y bloques.

Hay una farmacia, una bodega, un círculo social, un Consultorio del Médico y la Enfermera de la Familia y una escuela, pero faltan otros detalles para que Trucutú sea lo que debe, tanto que se ha incluido entre las siete comunidades que este año serán intervenidas en el territorio, con un presupuesto salido de las arcas del gobierno local.

Precisamente, para intercambiar con los pobladores y conocer sobre los avances del trabajo comunitario integrado, llegó hasta allá Sergio Rodríguez Ferreyán, funcionario del Departamento Agroalimentario en el Comité Central del Partido, quien se interesó por los problemas del lugar y las opiniones de los habitantes.

 

 

Al respecto, Aniuska Palú del Río, delegada y presidenta del consejo popular, destacó que las dificultades con la transportación y el estado de los viales son las preocupaciones más reiteradas en los estados de opinión, consecuentemente, resultan planteamientos pendientes.

“La ruta de guagua que nos conectaba con Morón está suspendida debido al déficit de combustible. Acercarnos a Primero de Enero o Morón implica alquilar un carro por un precio altísimo. Por otra parte, alrededor de 60 casas clasifican como en mal estado y no hay solución inmediata”.

Como aliciente y demostración de lo que sí puede hacerse, la asistencia social ha garantizado ayudas monetarias y recursos a nueve madres con más de tres hijos e impedidos físicos, se eliminó el piso de tierra en tres viviendas, el círculo social muestra mejores ofertas desde su arrendamiento al centro de elaboración de la Empresa Municipal de Gastronomía, y la correcta dispensarización de la población, así como el seguimiento a embarazadas y lactantes, confirman la eficacia de la atención de salud.

Sin embargo, en Trucutú han faltado, al parecer, explicaciones oportunas, intercambios y unidad entre cada una de las partes para que el trabajo comunitario integrado sea un barredor de tristezas. Poco podrá hacerse si a los recursos oportunos no se le suma el empeño individual y la voluntad de los pobladores para asumir a cabalidad este movimiento transformador.

Así lo explica Jorge Maceo Lorenzo, director de la Empresa Agropecuaria Arnaldo Ramírez, para quien apadrinar la comunidad no es una tarea nueva, aunque ahora adquiera otra dimensión.

“Nuestras unidades están vinculadas a seis comunidades lo mismo para pintar la escuela que para garantizar un transporte específico, por ejemplo, tenemos un carro y chofer de guardia cada día y a la hora que suene un teléfono con la noticia de un enfermo lo trasladamos. Las personas tienen que sentirse felices aquí, pues, a la larga entre ellos y la empresa existe una relación recíproca, sin embargo, tienen que aportar más y asumir tareas”.

Pero como la Arnaldo Ramírez no puede irradiar a otros sin antes lograr y mantener resultados, Rodríguez Ferreyán enfatizó en la necesidad de aumentar las hectáreas (ha) sembradas. “Una entidad de este tipo con más de 1000 ha plantadas, que incentive cultivos en secano como el plátano y la yuca, y que logre comercializar más de un 50 por ciento de sus productos por la vía estatal resultaría soberana en la producción de alimentos”.

A estas alturas, las lluvias han afectado alrededor de un 30 por ciento de las 6’700 toneladas de papas que pensaban acopiar, cultivo vital para mantener en positivo las finanzas de la empresa. Las pérdidas rondan hoy los 10 millones de pesos y quedan aproximadamente 46 ha por recoger.

Según Jorge Maceo Lorenzo, “aprovechar lo que queda en el surco es prioridad, mientras, nos preparamos para la campaña de primavera, con la intención de extender el cultivo de maíz, esta vez con semilla de mejor calidad en unas 350 ha. Estamos conscientes del reto, hay que producir usando la agroecología y retomando algunas labores manuales”.

Al cierre de la jornada el equipo del Secretariado del Comité Central del Partido enumeró tareas pendientes en lo referido a la gestión política y de gobierno en Primero de Enero, entre ellas, la necesidad de potenciar el trabajo ideológico, garantizar el crecimiento a las filas del Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas, la solución gradual a planteamientos relacionados con el déficit de agua, el estado de las redes de alcantarillas y el arreglo de caminos, y el reto tremendo de recuperar el atraso en la siembra de caña, así como acortar los incumplimientos en las entregas de carne y leche.