El Primer Congreso del PCC: En marcha con el pueblo

Dra Cs María Caridad Pacheco González
Unión de Historiadores de Cuba
El Primer Congreso demostró en la historia reciente de Cuba la validez del rumbo trazado

Al Primer Congreso del PCC se llega luego de un arduo trabajo de análisis para delimitar las funciones del Partido en relación con el Estado y las organizaciones de masas e implicó un amplio movimiento popular, pues todas las organizaciones de masas del país se propusieron compromisos dirigidos a saludar el cónclave y participaron activamente en la discusión de los documentos programáticos.

El I Congreso del Partido Comunista de Cuba, se inició con el Informe Central presentado por su primer secretario Fidel Castro que abordó el análisis histórico de la Revolución, su desarrollo económico y social en distintas ramas, el análisis crítico de los errores cometidos, y los cambios previstos en busca del desarrollo futuro.

La educación, la cultura, el deporte, la salud, las investigaciones científicas,  la formación de la niñez y la juventud, sobre el entonces próximo XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, la cuestión agraria y las relaciones con el campesinado, el pleno ejercicio de la igualdad de la mujer, la seguridad social, la política laboral y el sistema judicial fueron analizados, junto con la trascendencia de orden político, institucional y jurídico del anteproyecto de Constitución de la República, debatido por más de seis millones de cubanos y que se aprobaría mediante un Referéndum el 24 de febrero del año siguiente, en homenaje al aniversario 81 de la Guerra Necesaria.

Se aprobaron las tesis, los Estatutos y la Plataforma Programática del Partido Comunista de Cuba, resoluciones sobre la política de formación, selección, ubicación, promoción y superación de cuadros, así como las Directivas para el desarrollo económico y social en el quinquenio 1976-1980.

El Informe se refirió también a las organizaciones de masas y sociales, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio del Interior, la Unión de Jóvenes Comunistas, así como a la política exterior, basada en la subordinación de las posiciones cubanas a las necesidades internacionales de la lucha por el socialismo y la liberación nacional de los pueblos.

La trascendencia de los debates, resoluciones y discursos pronunciados en el Primer Congreso desde el propio 17 hasta el 22 con la clausura en la Plaza trazaron el rumbo a seguir por la Revolución.

 

 

Durante el Congreso y en los discursos de clausura se trató acerca de la ayuda brindada al Movimiento para la Liberación de Angola (MPLA) y a su pueblo, en su lucha contra las tropas de África del Sur, y abordó la política cubana de solidaridad con los gobiernos progresistas y los movimientos revolucionarios de África y con el pueblo hermano de Puerto Rico. Ante todos los delegados puestos de pie Fidel proclamó: “¡Estamos cumpliendo un elemental deber internacionalista cuando ayudamos al pueblo de Angola!”. Y agregó en medio de gritos de aprobación de todos: “No buscamos petróleo, ni buscamos cobre, ni buscamos hierro, ni buscamos nada en absoluto. Simplemente aplicamos una política de principios”.

En su discurso de clausura en el Teatro Karl Marx, Fidel subrayó que, “como principio revolucionario, […] siempre será mil veces preferible la autocrítica a la autocomplacencia. ¡Y siempre será preferible la autohumillación al autoelogio! Y creemos realmente que los dirigentes revolucionarios tenemos que estarnos constantemente analizando y autocriticándonos, si no en público, en privado. Siempre debemos estar ajustando cuentas con nuestras conciencias. Y nunca, jamás, podemos estar conformes con nosotros mismos, porque el hombre que esté conforme consigo mismo no es revolucionario”.

En multitudinario acto en la Plaza de la Revolución José Martí, se clausuró el Primer Congreso con un pueblo que aprobó las tesis y las resoluciones acordadas, así como el Comité Central y la ampliación del Buró Político, con Fidel y Raúl como Primer y Segundo Secretarios, respectivamente.

El Primer Congreso demostró en la historia reciente de Cuba la validez del rumbo trazado, que permitió a la Revolución resistir agresiones terroristas y casi 60 años de bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos.