Cinco Palmas, la gestación de un triunfo

Lic. José Carlos Díaz Borges
Departamento de Historia de Cuba, Universidad de La Habana
El encuentro en Cinco Palmas reafirmó la continuidad histórica de la Revolución Cubana

Corrían los primeros días de diciembre de 1956 en la Sierra Maestra, nefastos para el movimiento 26 de julio. En poco tiempo el incipiente grupo guerrillero había perdido buena parte del parque bélico, sufrido bajas importantes y se encontraba disperso en un territorio mayormente desconocido. La dictadura por demás, consciente de la debilidad del grupo insurgente, arreciaba la propaganda mediática combinando el descrédito con mentiras insolentes. Se alistaba también un cerco militar sobre la zona donde se suponía operaban los revolucionarios.

El fantasma del fracaso, concretado en otras intentonas revolucionarias a lo largo de la primera mitad del siglo XX cubano, se ceñía ahora sobre los expedicionarios del Granma. Sólo el empuje y la convicción inalienable de que eran tiempos de “ser libres o mártires” garantizó la superación paulatina de todas las dificultades.

La mañana del día 18 de diciembre de 1956 había comenzado tranquila para Fidel Castro y un reducido grupo de revolucionarios guarecidos en la finca de un campesino local. Las horas de gran tensión tras el descalabro de Alegría de Pío se aligeraban entonces en una atmósfera de frustrante tranquilidad. Progresivamente en torno al lugar se habían congregado varios de los expedicionarios dispersos, cuando a Fidel le es informada la posible presencia de otro pequeño grupo de revolucionarios a pocos kilómetros de allí. Luego de una serie de cuidadosos contactos, se concreta la premonición echada a circular en la finca: se trataba de Raúl Castro y varios compañeros con armas.

Cercana la medianoche se concreta el encuentro en un punto señalado del cañaveral de la finca, regido por cinco esbeltas palmas reales. El sonido lejano de pasos  pronto va incrementándose hasta que ambas tropas se erigen frente a frente. Sobreviene el famoso y afanoso abrazo:

“-¿Cuantos fusiles tienes?

-Cinco

-¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora si ganamos la guerra!”

Esta histórica frase, cuyo significado ha trascendido en el tiempo como máxima expresión del optimismo, acompaña a todo revolucionario cubano. La misma se conforma como premisa insoslayable del pensamiento de Fidel, quien nos enseñó a jamás rendirse ante las más adversas condiciones y convertir los reveses en victoria, manteniendo continuamente la fe en el triunfo. Así fue en el Moncada, en el Presidio, en el Exilio, en la lucha en la Sierra y en la defensa de la Revolución triunfante el 1ro de Enero de 1959.

Aquel 18 de diciembre de 1956 y en los días posteriores, donde se incorporaron nuevos combatientes y armas que permitieron la reunificación de la guerrilla y su posterior internamiento en lo profundo de la serranía, se reafirmó la continuidad histórica de la Revolución Cubana. Se trata del proceso iniciado en La Demajagua y mantenido por el sudor y la sangre juvenil,  tras la conquista de la verdadera y definitiva independencia nacional.